La inmediatez
de los hechos
me supera
como lo hacía ayer.
Alguien gritó
“Todo arde
si le aplicas
la chispa
adecuada”
Y tú a mi lado
y ella pasando
por delante
sin enterarse.
Me di cuenta
que lo real
y lo importante
eras tú
y que estabas
a mi lado.
No te quedes
quieto
cuando la chica
del abrigo rojo
se marche.
No entres en el coche,
no gires la mirada.
No reubiques
tus delirios
sentimentales.
Te quedaste
con aquella
que vestía
el guante
de color
burdeos.
Eran evidentes
sus cuernos
de diablo.
Y bailaste
y rozaste sus mejillas
deseando que la chica
del abrigo rojo
fuera ella.
Pero ya no,
ahora es tarde,
y otro error más
no pesará
demasiado
en tu saco de tristezas.
Y tú aprieta tus brazos
y siente los pechos
de la mujer del guante
burdeos.
No olvides
que hoy,
como siempre
que cometes errores,
ella sólo te querrá
para un instante,
fugaz y vacío
(casi amas
su fugacidad,
demasiado duradero
te dejaría rendido)