Hoy quiero colgar algo que escribí hace mucho,mucho tiempo (quizás no tanto, pero yo lo veo lejano). Pongan el vídeo mientras lo leen.
TU ESCRIBES POR MÍ
Diciembre 2005 - Enero 2006
Tú escribes por mí,
adivinas mis sentimientos,
dejas mi imaginación correr.
Pablo, eres mis ojos,
yo soy tus manos,
ambos no somos nada.
Hoy quiero vomitar
palabras sin sentido,
insurgentes pensamientos
propios o extraños,
lluvia de ideas
o de tonterías,
tanto me da,
sólo quiero vomitar para que
los dolores no duelan,
para que los perdones
dejen de importarme,
para que tú,
tan bien clavada
dentro de mí,
dejes de ser clavo
y seas rosa o viento.
Ni Pablo ni Jaime
ni Mario, Dios,
ninguno de ellos
me inspira
ni poemas ni confianza.
Dudo de todo
y todos
y más de mí mismo.
En estos días
ni yo soy fiable,
como la mantis religiosa
devora a su amante.
Hoy eres más tú que
ningún otro día.
Te leí y me doliste,
Jaime, me encerraste contigo
dentro de tu cárcel
de pensamientos,
haciéndome sentir aquello
que a ti te ataba
(acabó atándome a mí).
Vi mi imagenen tu espejo.
Cuando preguntaste
por que era tan puta,
no supe que decirte.
Tú tienes todas
las preguntas
y yo no conozco
tus respuestas.
Amanezco cuando los demás
quieren dormir
una siesta eterna.
Yo amanezco cada día
por verte,
sin que estés,
por sentirte
sin tocarte.
¿Dónde se ha ido la arena,
y aquella playa nuestra
tan vacía y tan llena
tan llena de ti,
de abrazos
y besos a escondidas?
¿Dónde se fue esa gente
que me impedía amarte,
dónde están?
Escondidos como ratas,
escondidos por vergüenza
o culpa.
Y yo no paro,
y sigo,
tan irreverente,
en mi postura
de heridas abiertas,
de daños no merecidos
o no provocados.
Y sigo tocando tu pelo,
sigo escuchando tu voz,
susurrándome,
que no saldrá bien,
que nos haremos
enemigos habituales,
que nos besaremos
al mismo tiempo,
que desataremos el odio
de los amantes
alejados.
Y te alejaste,
tal día como hoy,
sin avisar,
sin dejarme ni un beso
ni una nota,
sólo unos anillos,
que desprecié
como a un leproso
en una sala de partos.
Y ya nadie
ha sido como tú.
Ninguna otra
ni ningún otro,
nadie,
pronunció mi nombre
como tu lo hacías,
al gritarme orgullosa
o al gemir
entre mis brazos.
A Sara Cabrera
