Hace tiempo que no escribo y será pq no tengo nada interesante que decir.
Quizás mis tristezas anteriores no eran de tal magnitud y mis alegrías más recientes son sólo humo.
Hace algún tiempo escribía constantemente haciendo alusión a la idea de que las personas que pasaban por mi vida, llegaban, desordenaban, cogían lo que querían y se iban (se que escribía así pq hace poco rememoré viejos escritos casi infantiles).
Continúo con mi sentimiento en punto muerto, como desde que Sara no está. Sin embargo ahora descubro que tal estado estacionario no es deseado por mí, al contrario, no hay nadie que quiera permanecer a mi lado el suficiente tiempo o, simplemente, se alejan de mí sin tan siquiera hacerme un guiño.
Confieso que estoy conociendo lo más malo de mí, mis partes feas. No me gusto a ningún nivel, físicamente nada nuevo ni nada no habitual, más preocupante es la sensación de vacío interior, de falta de interés (de mí para con los demás y de los demás hacia mí).
Mala racha, pasajera.
Será cuestión de acostumbrarse a la media luz y a la humedad (fría, fría, fría).
Un año más, un año menos.
Un campamento más, me gusta ver la sinceridad de los niños, la limpieza y odio notar la superprotección a la que están sometidos. Quizás sea mi único oasis de felicidad en 12 meses.
Quiero erradicar estos pseudoamores que me desvelan. No soy capaz de acercarme a nadie, lo más coherente sería eliminar todo atisbo de sentimentalismo ajeno. Debo aprender que el onanismo (físico, sentimental y mental) es la mejor opción, sin duda. Huir es de cobardes, yo no lo seré, pq no huiré, esta vez, no presentaré batalla.