Creo que he logrado admitir
una verdad evidente,
que no por cercana
es fácil conseguir
y, aunque obvia,
es estridente.
Ahora se
que toda ausencia
deja el espacio
necesario
para nuevas presencias;
que un olor no perdura tanto
como las cientos
de fragancias
que me restan
por oler.
Te pedí que no murieras más,
pero con el paso de los días
y todas las nuevas experiencias
(tan frías y baldías)
acepto lo que acontece,
tu nombre jamás
será borrado
por letras que no te sean propias,
ya que dejaste tu hueco,
impregnado del veneno
del dolor y el sufrimiento,
pues quien se recuesta en él,
fallece de súbito aspaviento.
Hoy yo te invito a ser
sólo como el viento ,
no mates porque moriste,
no me dañes
porque te fuiste.
Y sigo en la austeridad gramatical,
excusándome en tu perdida,
y en el coma sentimental
en el que estoy sumido.
Quizás ni soy poeta
ni nunca lo he sido.
BCN 03/01/09
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