No tengo nada que escribir
pero escribo,
tal vez por obligación onanista
o, quizás, para satisfacer
a la necesidad falsa
de autocomplacencia.
No tengo nada que decir
pero digo,
ya que hoy los recusos
de los que dispongo
son más extensos
y menos rígidos.
No tengo nada que ocultar
pero oculto,
mis partes feas
siguen presentes
aunque yo las niegue
y tú no las veas.
Y es que hoy
me despido
aunque este solo
y cansado
de estarlo.