Tras tres años de silencio, vuelvo a sentir la necesidad de escribir.
Tengo claro que sólo yo leeré esto, no me importa, soy mi mejor lector.
He subido escaleras, he buscado espirales, he estado en coma, me han despertado y he muerto. Simple y llanamente, este ha sido mi viaje durante estos años.
Morir y renacer, como diría Gil de Biedma y sus dimensiones del teatro, es el argumento, constante e irremediablemente, caer y levantarse, seguir en el lodo, disfrutarlo, mancharse, arrepentirse, saberse equivocado,
La estabilidad sin irreverencia, sin transgresión, con constante línea recta, me vacía, me resta, me hace ser quien no soy (o quizás si sea yo).
Esta es sólo la ruptura del hielo, la nueva toma de contacto con mi yo interno.
Volveré, lo prometo.
Sigo buscando a Amelie.