Pasado ya
un tercio de mi vida,
con los errores
cometidos
y las ilusiones
venideras,
admito que,
por mucho caer
no se memorizan las piedras,
por muchas vueltas que dé,
nunca recuerdo el camino.
En la búsqueda
perdí la identidad
y la paciencia acumulada,
nunca supe esperar
ni que me esperaran.
Caigo en tus labios,
como ayer,
y me regaño
por hacerlo,
sin que la reprimenda
sirva para poder cambiar
mi debilidad frente a ti.
Y me digo y me repito
que debo ser hermético,
que tú sonrisa
no es tan especial,
que tus ojos
no son nada más
ni nada menos
que eso,
dos ojos cualesquiera.
Y tu beso
no me dejará secuela,
saldré ileso
mientras pueda.
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