
Mi sobrinito, hace un mes. Hoy, ya es todo un hombrecito (o mujercita) que mide mas de 60 cm...
Pasado ya
un tercio de mi vida,
con los errores
cometidos
y las ilusiones
venideras,
admito que,
por mucho caer
no se memorizan las piedras,
por muchas vueltas que dé,
nunca recuerdo el camino.
En la búsqueda
perdí la identidad
y la paciencia acumulada,
nunca supe esperar
ni que me esperaran.
Caigo en tus labios,
como ayer,
y me regaño
por hacerlo,
sin que la reprimenda
sirva para poder cambiar
mi debilidad frente a ti.
Y me digo y me repito
que debo ser hermético,
que tú sonrisa
no es tan especial,
que tus ojos
no son nada más
ni nada menos
que eso,
dos ojos cualesquiera.
Y tu beso
no me dejará secuela,
saldré ileso
mientras pueda.
¿A quién pretendo engañar,
arrastrando mi cuerpo pequeño
hacia ningún lugar?
Logré cierta estabilidad
al comprometerme
con la causa,
sin embargo
aprendí,
que quien apuesta
quizás fracasa.
Así que me quedé
al lado del camino,
y descubrí
cuán difícil es
escribir letras lindas,
frases bellas
y adjetivos puros,
cuando se está tan podrido
por dentro,
cuando la marea
de mi corazón
cada vez golpea
mis huesos
para buscar libertad
en lo ajeno.
Déjame vivir
incansable sentimiento
de tristeza y desaliento.
Olvidaros de mí
palabras necias
y sentimientos parcos.
Los lugares que quise
ya están lejos,
así que tú,
cuidad sin ruido
y civismo aprendido,
no pretendas
que te sienta como mía.
Pues bajo tus calles
se entierran
mis seres amados,
mis amores perdidos
y mis ilusiones frustradas.
Huir no es tan fácil,
nada tengo aquí
pero nada me espera
al otro lado.
Y divagar sobre el futuro
es un hecho en mis días,
que muestra mi torpeza.
Y creo que ni Gandhi
ni su falsa agonía
lograría calmar
mi ira.
